miércoles, 28 de mayo de 2008

UNO by Dani García, un nuevo concepto en restauración

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Acaba de abrir al público el restaurante “Uno by Dani García”, en el hotel Meliá Madrid Princesa de Madrid, con vocación de extenderse a otros establecimientos de la cadena hotelera, en un intento de modernizar su oferta gastronómica. Me siento orgulloso, como malagueño, que sea nuestro cocinero más famoso al que se le haya hecho este importante encargo.

Según la noticia, se trata de un concepto “nuevo”, aunque ya se ha visto algo similar en muchos locales de moda de Madrid y Barcelona, quizás influidos por Londres o Nueva York. Aúna en su espacio bar y restaurante. A su vez, el restaurante tiene dos espacios, uno para comer a la carta y otro para cocina fría, con “show-cooking”, es decir, que los platos se elaboran delante del cliente a partir de ingredientes elegidos por él mismo, en un intento de crear “cocina interactiva”.

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Por supuesto, en el bar, mientras tomamos un cóctel podemos degustar alguna de las tapas de la carta de “Snacks”, también con la posibilidad de combinar ingredientes a nuestro antojo. Y esto, a cualquier hora del día. Dentro del restaurante a la carta, se ofrecen platos de nueva cocina, de corte mediterránea, como unas milhojas de foie y queso de cabra con manzana verde caramelizada (foto adjunta), o versiones de guisos más tradicionales, como el rabo de toro envuelto en ravioli de coliflor y trufa.

Otra buena noticia es que incluye platos clásicos de cuchara, a los que soy muy aficionado y que pienso no se deberían perder en medio de tanto foie y tantas espumas y mousses. Una salvedad, el nombre elegido para el restaurante no me parece muy afortunado, es una copia un tanto obvia de una conocida marca de perfumes. Felicidades desde aquí a nuestro paisano, espero que tenga mucho éxito.

En Directo al Paladar | Dani García y el restaurante Calima.
Más información | Web del Restaurante Calima, Marbella.
Más información | Cadena Sol Meliá.
Vía | Noticia Diario Sur.

SERGI AROLA Y CASA LUCIO, TRADICIÓN VS. VANGUARDIA

'La cocina es química, nos guste o no', afirma Arola

* '¿Aditivos? Aceite y sal. ¿Instrucciones para comerlo? ¡Con las manos!', dice Lucio
* Unas declaraciones de Santi Santamaría han levantado la polémica

MADRID.- La noche y el día. Casa Lucio (icono de la gastronomía madrileña) y Gastro (apuesta de Sergi Arola) son dos mundos radicalmente opuestos. En ambos se ofrece comida de calidad. Y ambos están excepcionalmente valorados. Pero ahí terminan las coincidencias. El plato estrella en el primero: huevos fritos con patatas fritas. En el segundo: mouse de arroz, terciopelo de alga nori y erizos (por poner un ejemplo de la carta, que cambia cada semana). En plena 'guerra' entre cocineros, ambos reivindican su espacio.

El chef catalán Santi Santamaría ha provocado una agria polémica entre sus colegas al acusar a algunos de ellos, con Ferrán Adriá a la cabeza, de abrir las puertas de sus restaurantes a las grandes industrias químicas y cocinar platos con aditivos "poco saludables". Santamaría ha atacado así a la nueva cocina, que se ha sentido ofendida.

"Nadie viene obligado a mi restaurante", dice Sergi Arola. Desde luego que no. El menú, formado por 14 'pases', cuesta 140 euros. Y está compuesto por todo tipo de exquisiteces. Al entrar en Gastro (c/Zurbano, 31) suena jazz. El comedor está aislado del exterior mediante mamparas de cristal y en la planta inferior, butacas de cuero en gris y ocre acogen al cliente que quiera tomar una copa. La sensación es de amplitud, de limpieza. También en la cocina, que recuerda a un laboratorio en el que todo está ordenado. Impoluto.

Al frente de un equipo de 17 personas, todos jóvenes, guapos, impecables, está uno de los máximos embajadores mundiales de la nueva cocina española. Y uno de los más aludidos por Santamaría. Son las 15.00 horas y Arola hace un repaso por los platos del día. "Aquí estamos friendo una herejía: unas patatas bravas mixtas. Ya sé que deberían ser más grandes y mal cocinadas, como las de la Plaza Mayor, que son las buenas de verdad", dice mientras muestra uno de los recipientes. Está visiblemente molesto.

Sigue con el inventario. "Aquí tenemos sardinas rellenas de huevas de arenque con pan con tomate. Y esta menestra la aliñamos con leche de almendras. Lleva maíz tierno, tirabequeces, calabacines, zanahorias... Todo escaldado unos segundos con agua y un poco de sal, ese producto químico que nos permite mejorar la cocción". Mantiene el tono irónico. "Ten cuidado con la sal. Me han dicho que si te comes 10 kilos, te mueres".

Arola se defiende así de las acusaciones de Santamaría acerca del uso de sustancias "poco saludables". "Pues sí, usamos aditivos. Aparte de los que ya vienen en los productos, como la sal o el azúcar refinado, nosotros utilizamos fibra vegetal procedente de algas en vez de féculas que añaden calorías innecesarias. Se usan en la cocina oriental desde hace unos 2000 años". Y argumenta: "La cocina es química, nos guste o no. Si usas un limón, es un procedimiento químico. Somos deudores del trabajo de Ferrán Adria que nos ha ayudado a descubrir cómo actúa la química sobre en los alimentos".

También defiende la experimentación en los fogones. Procesos como la liofilización -"Coges el producto y lo metes a secar. Se evapora el agua, las sales se potencian y aumenta la sensación de gusto. Esto se ha hecho toda la vida de forma tradicional"- o la deconstrucción -"Es un concepto filosófico. Partiendo de una idea, un arroz a la cubana por ejemplo, modifico las texturas para que, teniendo los mismos ingredientes y sabiendo a arroz a la cubana, no tenga su apariencia. Así tienes un choque intelectual entre lo que tu paladar reconoce como plato original y lo que reconoce como producto".

"Lo que hacemos es darle un valor añadido a los productos y, a través de ellos, constituir elementos de lujo y experiencias sensoriales más completas. Pero yo entiendo que la mayor parte de las mentes no están preparadas para eso". Lo dicho, Arola está enfadado.

'Liofi... ¿qué?, ¡No hombre no, mira esta lubina"

En Casa Lucio (Cava Baja, 35) estos conceptos suenan a chino. "Liofi... ¿qué?", pregunta Lucio, al frente del negocio desde 1974. "¡No hombre no, mira esta lubina, y este lomo, y estas patatas fritas!".

Los cocineros de este restaurante, mayores que los de Arola, pero también más accesibles, se quitan la palabra unos a otros para enseñar los productos. Por un momento, la cocina se convierte en el camarote de los hermanos Marx: "Mira, mira, graba estos callos. Corre, mira cómo echamos el huevo, ¿te pongo un churrasco sobre la plancha?...".

Nada que ver con la cocina del catalán. Pero igualmente apetecible. Aquí los productos estrella son los callos, el huevo, las patatas, la carne y el pescado fresco. Y no les importa sacarlo todo de las cámaras para enseñárselo a los periodistas.

"¿Aditivos químicos? Lo que usamos es aceite y sal. ¿Instrucciones para comerlo? Sí, así, ¡con las manos!", bromea Lucio. "Pero mira, mira, ¡graba esta merluza que pesa 10 kilos! Está todo riquísimo". Sobre las mesas, instrumentos de cocina tradicionales como pucheros o sartenes de hierro.

Sus métodos también permanecen fieles a "los de la abuela", en palabras del propio Lucio. "Es cocina de la que no te duele la barriga y te quedas satisfecho. Todo es puro, puro, puro. Por eso yo no quiero hablar", dice. Incluso conservan un horno de carbón, sobre el que nunca faltan las patatas. "Esto ya no lo ven ustedes en ningún sitio, ahora son todos eléctricos. Y las raciones, hasta los bordes, lejos de la austeridad del menú degustación

Como la comida, el ambiente del local también es más conservador. Madera, techos bajos, marcos barrocos con fotos de los Reyes dedicadas, el cartel taurino de la Feria de San Isidro, patas de jamón tras la barra...

En definitiva, dos mundos opuestos. Cada uno con su público. Y no quieren polémicas, sólo que sus clientes disfruten comiendo.

Fuente original: elmundo.es

martes, 27 de mayo de 2008

POLÉMICA EN LA COCINA ESPAÑOLA

Sergi Arola: 'Santamaría es una persona bipolar y profundamente contradictoria'

* 'Alimentar, alimenta el bar de la esquina que hace menús a 9,50 euros'
* 'Se trata de una cuestión de envidias de Santamaría a Ferrán Adriá'

MADRID.- Los cocineros españoles siguen en pie de guerra. El chef catalán Santi Santamaría -51 años; seis estrellas Michelin repartidas entre tres restaurantes- hizo saltar la liebre acusando a algunos de sus compañeros, con Ferrán Adriá a la cabeza, de abrir las puertas de sus cocinas a las grandes industrias químicas y cocinar platos con aditivos "poco saludables que ni ellos mismos se comerían". Sergi Arola, uno de los máximos representantes de la alta cocina y por tanto uno de los aludidos, responde: "Es una persona bipolar. Profundamente contradictoria".

La polémica ha entrado en el terreno personal. Desde la cocina de su restaurante Gastro (Zurbano, 21, Madrid), Arola ha dedicado un duro discurso a su colega: "La demagogia llevada a la masa sin conocimiento ni valoraciones racionales es muy peligrosa. No había ninguna necesidad de hacer el daño que ha hecho". Y es que la controversia afecta a la gastronomía, uno de los grandes activos culturales y turísticos de España. Y uno de los más susceptibles de crear alarma social.

"Me da la risa cuando dice que él alimenta. Él no alimenta; él, igual que yo, lo que hace es darle un valor añadido a los productos y, a través de ellos, constituir elementos de lujo y experiencias sensoriales más completas. Alimentar, alimenta el bar de la esquina que hace menús a 9,50 euros", ha afirmado un enojado Arola.

"Dice que somos unos 'snobs' y también nuestros clientes, pero yo no recuerdo nada que haya hecho él por debajo de los 70 euros. Su discurso es tan insustancial, tan profundamente contradictorio... Quiero creer que se le ha ido la pinza y ha decidido morir, pero morir matando", ha sentenciado.

El lunes, en la presentación de su libro 'La cocina al desnudo', Santamaría insistió en sus denuncias del uso de aditivos en la alta cocina que "tienen consecuencias indeseables, aunque no sean tóxicos" y aseguró que la industria química entró en los restaurantes de la mano de Ferrán Adriá.

La semana pasada, unos 800 cocineros, agrupados en la Asociación de Cocineros Euro-Toques España, censuraron también las afirmaciones del chef catalán. Entre ellos figuraban nombres como Pedro Subijana, Juan Mari Arzak, Andoni Luís Aduriz y Karlos Arguiñano, que acusaban además a Santamaría de haber "sembrando la desconfianza por la utilización de productos de dudosa salubridad

En opinión de Arola, se trata de una "cuestión personal" contra Adriá -"es envidia". Hasta ahora, el responsable de El Bulli no ha querido entrar en la agria disputa, pero sus compañeros advierten de que la trifulca no se va a quedar aquí.

fuente original : elmundo.es

lunes, 26 de mayo de 2008

El corcho no engaña o cómo saber si tu vino es auténtico

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Esta noche en el telediario de la Sexta emitieron un reportaje muy interesante sobre las falsificaciones de botellas en el mundo del vino. Conociendo los elevados precios que se pueden pagar en el mercado por una botella de un buen caldo, los estafadores han decidido hacer su agosto.

El timo parece sencillo: vender botellas rellenas de vino de baja calidad a precios desorbitados. Incluso las vuelven a etiquetar como si se tratara de una marca de calidad. Es decir, que muchas veces el vino más peleón, cuyo precio no llegaría a los 30 euros, es pagado como si procediera de la bodega del mismo Baco.

Ante estos fraudes, las bodegas idean etiquetas más sofisticadas, con número de serie, con hologramas, grabados complicadísimos o incluso el ADN de la cepa. Sin embargo, los más pillos cuentan con impresores profesionales que las reproducen o incluso trafican con las etiquetas originales en internet o en rastros y mercadillos.

Sin embargo, en este reportaje mencionan una de las debilidades de los timadores: el corcho. Volver a encorchar las botellas supone todo un reto, sobre todo porque es muy complicado extraerlo sin dejar huellas. Para ello, lo intentan con un sacacorchos especial que deja una señal mínima, pero la deja.

En este video veréis cómo el tapón debe estar intacto y sin ningún tipo de huellas. Espero que os sirva y que disfrutéis de una copa de vino pagando su precio justo por ella. Ni más ni menos.

Vía | La Sexta
Más información | El Mundo
Más información | Cinco dias
En Directo al Paladar | Château Lafitte de 1787, el posible fraude de un vino histórico